Desde sus orígenes, la experiencia artística y espiritual del islam ha caminado de la mano del firmamento. No se trata únicamente de una necesidad ritual —como la orientación hacia La Meca, el inicio del Ramadán o los cinco rezos diarios—, sino de una cosmovisión profunda donde el universo se entiende como una totalidad armónica. En el mundo antiguo, el macrocosmos influía inevitablemente en el microcosmos, en el ser humano y su destino.

Bajo esta premisa, la Alhambra de Granada no es solo un conjunto de palacios; es una arquitectura que respira al ritmo de los astros. A través de la Arqueoastronomía, un área interdisciplinar del conocimiento que estudia cómo las culturas del pasado plasmaron el cielo en sus obras , podemos leer la Alhambra como un “manuscrito celeste” donde ciencia, fe y poder político se entrelazan indisolublemente.

 

Los Tres Niveles de la Arquitectura Celeste

Para comprender la profundidad de este enfoque, debemos analizar la Alhambra en tres niveles fundamentales:

  • La Cosmogonía. Los relatos de la creación, basados en el agua y la luz como principios vitales, la tierra y los cielos, dictan el programa decorativo y la disposición de los palacios.
  • La Cosmología. La estructura física del universo se refleja en las proporciones y en las complejas bóvedas estrelladas de mocárabes.
  • La Cosmovisión. Es la síntesis política. El sultán se legitima como el garante del equilibrio universal, vinculando la ciencia y la fe bajo su mandato.

Esta legitimidad se inscribió en los propios muros. La dinastía nazarí convirtió la astronomía en un emblema de poder, transformando sus estancias en “palacios-cielo”. La decoración de muros y fuentes de la Alhambra presenta además de otros motivos los qaṣriyyāt, textos que narran bellas descripciones de la función del espacio en que se muestran. Son doce los qaṣriyyāt en la Alhambra que contienen referencias a astros y estrellas. Son una mezcla de imaginación y documentación astronómica en forma de metáforas astrales donde el “califato” se presenta como un lugar de reposo para las constelaciones.

 

La Qubba Real del Palacio de Comares

Nos dice el poema de la sala:

“Es Quien ha creado siete cielos superpuestos. No ves ninguna contradicción en la creación del Compasivo. ¡Mira otra vez! ¿Adviertes alguna falla?”

La cubierta de la sala, a nivel cosmológico, más que un simple ornamento, constituye una síntesis visual y espacial del pensamiento astronómico vigente en el mundo antiguo y medieval. Si el logos del mundo antiguo nos llevó al modelo Ptolemaico, el mythos, por su parte, equiparó los 7 astros errantes con deidades que dieron nombre a los 7 días de la semana, habitando cielos superpuestos o jardines celestiales, o distintos profetas en la tradición monoteísta posterior. La octava esfera, la de las estrellas fijas, la morada del Dios Supremo o único, según el caso.

Simétricamente se añadieron 7 niveles del inframundo, y surgieron también las mitologías de viajes de enviados que cruzaban y describían los niveles tanto en la tradición sumeria, zoroastrista, judía, cristiana, hinduista o islámica posteriores. Ya sea Inana, la diosa sumeria, el enviado zoroastrista Wiraz, el profeta Muḥammad en su famoso viaje nocturno a lomos de al-Burāq, o Dante junto a su amada Beatriz, se repiten las descripciones fantásticas o temibles cuando atravesaban el inframundo.

 

El “Jardín Feliz” y la Danza de los Planetas

Uno de los ejemplos más fascinantes de esta integración se encuentra en la Sala de Dos Hermanas. Allí, el poeta y visir Ibn Zamrak dejó plasmados versos que demuestran un conocimiento astronómico excelso.

En su poema, Zamrak menciona cinco “pléyades” que protegen el lugar. Astronómicamente, las Pléyades son un cúmulo en la constelación de Tauro, del cual suelen verse entre cinco y siete estrellas a simple vista. Sin embargo, la metáfora del poeta probablemente alude a los cinco hijos del sultán Muḥammad V, divinizados poéticamente como las estrellas más bellas.

Resulta sorprendente que en el verso séptimo de la poesía se introduzca a la constelación de Orión [que en el poema “saluda” a la cúpula cuando realmente lo hace a la Luna llena que comienza a salir]. La Imagen 1 muestra el cielo sobre la Alhambra el día 8 de mayo de 1377, uno de los años en los cuales se estaba construyendo el ‘Jardín Feliz’, a las 19:21:36 horas. Se ha elegido esta fecha ya que entre los meses de marzo y mayo el planeta Venus se encuentra entre Orión y Taurus y, por ende, de las Pléyades. En ese momento, el Sol va desapareciendo por el oeste y da paso a la entrada de la Luna por el este: y la luna llena se le acerca para conversar, mientras que Venus queda “en lo alto” tal y como el décimo verso dice: Extraño no es que a los luceros dejen en lo alto [de la cúpula] y rebasen el límite fijado.

 

Imagen 1. Cielo sobre la Alhambra. Día 8 de mayo de 1377, a las 19:21:36 horas, obtenida con Stellarium

 

La Geometría Oculta de Venus

Las bóvedas de la Sala de los Abencerrajes y de Dos Hermanas esconden un secreto matemático que puede estar vinculado al planeta Venus. En sus diseños geométricos destacan octógonos con estrellas de cinco puntas en sus vértices. ¿Por qué esta insistencia en los números 5 y 8?

 

Imagen 3. Representación de astros en la cúpula de la Sala de Abencerrajes

 

La respuesta puede estar en el ciclo astronómico de Venus. Visto desde la Tierra, Venus tarda 8 años en regresar exactamente a la misma posición respecto a las estrellas fijas. Durante este ciclo de 8 años, Venus realiza 5 conjunciones interiores (momentos de máximo brillo y cercanía a la Tierra). Si trazamos las posiciones de estas 5 conjunciones en el cielo a lo largo de los 8 años, el planeta dibuja un pentagrama perfecto, una estrella de cinco puntas.

 

Imagen 2. Representación del ciclo de Venus en la cúpula de la Sala de Dos Hermanas

Así, las bóvedas nazaríes podrían no ser simplemente abstracciones aleatorias. Los octógonos (8 años) y las estrellas de cinco puntas (5 conjunciones) sugieren una representación simbólica y sofisticada del ciclo de Venus, materializando el orden celestial en la yesería.

 

 

Imagen 4. Conjunciones de Venus (arriba) y su ciclo (abajo) en 8 años terrestres

 

 

Astronomía práctica: el miqat

La astronomía en al-Andalus también tenía una vertiente práctica vital: el míqāt, o control del tiempo para fines religiosos. Orientar correctamente una mezquita hacia La Meca, es decir, determinar la Qibla, requiere resolver complejos problemas de trigonometría esférica. De forma práctica, los astrónomos andalusíes utilizaban el astrolabio, un auténtico “ordenador” analógico medieval que permitía determinar la posición de los astros en el firmamento y, por tanto, orientarse, así como determinar las horas de rezo. En la Tabla 1 se muestran las orientaciones del miḥrāb de rezo en diferentes oratorios en la Granada nazarí.

 

Tabla 1. Orientación del miḥrābs de la Mezquita Mayor de Granada y los de la Alhambra *La “Qibla moderna” es la calculada con coordenadas geográficas y procedimientos modernos. Fuentes: Burckhardt, T. (1992). La civilización hispano-árabe, Alianza Editorial, p.226 y Rius i Piniés, M. (2000). La quibla en al-Andalus y al-Magrib al-Aqṣà, Anuari de Filologia (Universitat de Barcelona) XXI (1998-99) B-3, lnstitut “Millás Vallicrosa” d’História de la Ciencia Arab, pp. 83-85.

 

En la Granada Nazarí encontramos los primeros casos documentados de la profesión de muwaqqit, astrónomo al servicio de las grandes mezquitas, en la que tuvieron mucho prestigio Ibn Bāṣuh e lbn al-Raqqām.

 

Conclusión

El análisis arqueoastronómico nos revela que la belleza de la Alhambra es fruto del conocimiento. Es un puente entre el mundo visible y el invisible, un espacio donde la materialidad del poder nazarí se funde con la espiritualidad islámica.

La presencia constante de motivos astrales —Venus, la Luna, las Pléyades— y su traducción en la compleja geometría de mosaicos y mocárabes demuestran que la arquitectura fue concebida como un espejo del universo. En la Alhambra, los poemas, las estrellas y las piedras cantan la misma melodía: una concepción unitaria del saber donde la belleza es, inseparablemente, ciencia y fe.

 

Referencias principales

  • Pérez Gómez, R., & Romero Küpfer, P. (pendiente de publicación). Arquitectura del firmamento: la Alhambra a la luz de la Arqueoastronomía. Cuadernos de la Alhambra, 2026
  • Versos epigráficos de Ibn Zamrak, en Puerta Vílchez, J.M. (2019). Leer la Alhambra: guía visual del Monumento a través de sus inscripciones. Granada: Patronato de la Alhambra y Edilux.