Desde hace un tiempo no paro de encontrarme la misma noticia una y otra vez en redes sociales: “Nuevas evidencias de que la Tierra está atrapada dentro de un enorme vacío cósmico de cientos de millones de años luz de diámetro”.
 
A la izquierda podéis ver un ejemplo de este tipo de publicaciones, en este caso de la BBC, ilustrada con una imagen en la que parece que nuestra galaxia se encuentra dentro de una gigantesca “mancha negra”.
 
Pero… ¿hay algo de cierto en todo esto?

Vayamos por partes.

Lo primero que os adelanto es que la imagen que utilizan para ilustrar la noticia es un auténtico sinsentido.

Lo que estamos viendo aquí no es un gigantesco vacío cósmico, sino Barnard 68 (B68), una nube molecular oscura, también conocida como glóbulo de Bok.

Este objeto no llega siquiera a medio año luz de diámetro y se encuentra dentro de nuestra propia galaxia, a unos 500 años luz de distancia. Es decir, no mide cientos de millones de años luz, como sugieren algunas publicaciones, y muchísimo menos podría contener una galaxia como la Vía Láctea, que tiene unos 100.000 años luz de diámetro.

Además, si observamos Barnard 68 en luz infrarroja, capaz de atravesar el polvo y el gas, descubrimos que detrás de esa aparente “mancha negra”… ¡hay muchísimas estrellas!

Lo que ocurre es que estas nubes están formadas principalmente por hidrógeno molecular y polvo interestelar, materiales que absorben la luz visible. De hecho, son auténticas incubadoras estelares: regiones donde, con el tiempo, el gas colapsa por gravedad y acaba formando nuevas estrellas.

 

B68 en luz óptica (arriba) e infrarroja (abajo). Imágenes tomadas desde el telescopio Very Large Telescope (VLT), Cerro Paranal, Chile. Crédito: ESO

 

 

Entonces… ¿de dónde sale toda esta historia del gran vacío cósmico?

Es difícil seguir el rastro exacto de estas publicaciones virales, pero todo apunta a que nacen de una interpretación exagerada de varios estudios recientes sobre regiones del universo con una densidad de galaxias inferior a la media, como los trabajos de Moritz Haslbauer y colaboradores (2020).

Y aquí conviene hacer una aclaración importante, porque en muchas publicaciones se mezclan dos conceptos diferentes.

Por un lado está el Vacío Local, una estructura del universo cercano conocida desde hace décadas. Se trata de una región relativamente pobre en galaxias situada junto al Grupo Local, el conjunto de galaxias al que pertenece la Vía Láctea. No vivimos dentro de ese vacío, sino cerca de uno de sus bordes.

Por otro lado, algunos estudios proponen que, además de esta estructura, nuestra galaxia podría encontrarse inmersa en una región mucho más extensa, conocida como KBC Void o Local Hole, cuya densidad de galaxias sería aproximadamente entre un 10 y un 20 % inferior a la media del universo cercano. Esta hipótesis sigue siendo objeto de investigación y todavía existe debate sobre su tamaño e incluso sobre su propia existencia.

La diferencia es fundamental. El Vacío Local es una estructura bien identificada dentro de la red cósmica, mientras que el KBC Void sería una región mucho más amplia de baja densidad, no un enorme agujero vacío.

Y aquí está el quid de la cuestión: en cosmología, un vacío no está realmente vacío.

Aunque estas regiones contienen menos galaxias que la media, siguen albergando materia, gas, materia oscura e incluso galaxias dispersas. Son simplemente grandes cavidades dentro de la red cósmica, esa inmensa estructura formada por filamentos y supercúmulos de galaxias que se extiende por todo el universo.

El mapa que veis muestra precisamente esa distribución. En él aparecen algunos de los principales vacíos y supercúmulos situados a menos de 500 millones de años luz de la Vía Láctea. Lejos de ser agujeros negros en el espacio, los vacíos son una consecuencia natural de cómo se organiza la materia a gran escala.

 

Mapa de vacíos y supercúmulos a menos de 500 millones de años luz de la Vía Láctea. El Vacío Local se muestra en el círculo amarillo. Crédito: Richard Powell

 

Probablemente ahí nació toda la confusión. Alguien tomó el término “vacío cósmico”, que en astronomía significa simplemente una región con menor densidad de galaxias, y lo ilustró con la imagen de Barnard 68, una nube molecular que visualmente parece un agujero negro sobre el fondo estelar. El resultado fue una noticia mucho más llamativa… pero completamente engañosa.

Así que ya lo sabéis. La próxima vez que veáis una publicación asegurando que vivimos dentro de un gigantesco agujero en el universo ilustrada con esta imagen, recordad que en realidad está mostrando Barnard 68, una pequeña nube molecular situada a apenas 500 años luz de nosotros y que no tiene absolutamente nada que ver con los grandes vacíos cosmológicos.

Porque, como ocurre tantas veces en ciencia, la realidad es mucho más interesante que el titular.

Y, por supuesto, antes de dejaros llevar por una noticia demasiado espectacular… ¡mejor consultad al Profesor Cosmo!